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La de la gorrita café








Hola:

¿Alguna vez has escuchado la frase: "la de gorrita café"?
Es una frase muy conocida en México y con ella se hace referencia a aquellas personas que no conocemos por su nombre y se les llama por alguna característica especial.

Nació seguramente de alguien a quien queriéndosele llamar y al no saber su nombre, se le dijo: "Hey, tú: la de gorrita café". Con el tiempo, se fué deformando tanto el sentido como la frase y se quedó en "gorrones" refieriéndose a aquellos que no son invitados, pero que asisten a una fiesta.

Pues, bien. Yo soy la de la gorrita café. Asi es.

En éstas épocas en que el espíritu navideño está presente en todos lados; en que los que son buenos, quieren ser más buenos. Y los que no lo son tanto, quieren serlo aunque sea un poquito, se llevan a cabo las tradicionales posadas, asi como pastorelas y una serie de festejos que en un principio fueron pensando en hacer sonreir al Niño Jesús al nacer y ver ante El a muchos pastorcitos con sus borreguitos y darle los buenos días acostadito en su cuna; y que ahora se limitan a ser celebraciones en las que se festeja a todo mundo, menos al mismo Niño Jesús que es el que invita.

Un día mis amiguitas iban muy contentas hacia no sabía yo dónde. Las invité a jugar y me contestaron que no podían. Se iban de fiesta a la Iglesia: se celebraba una posada y querían llegar a tiempo para cantar, reir, romper la piñata.
Por supuesto que me entusiasmé y les pedí me llevaran. Entre apuros de su parte y apresuramientos de mi mamá que por supuesto me dió permiso de asistir, me cambié de ropa para ponerme presentable.... y partí junto a mis amiguitas hacia la Iglesia con el candor que sólo un niño puede tener, sin preocuparme si había colaborado o no; sin importarme si me habían invitado o no. Si mis amiguitas iban, yo también podía ir.

Y aunque no era conocida por nadie en la iglesia, puesto que no asistía a ella, disfruté de los cantos, de las piñatas, de las frutas que nos ofrecieron. Y al día siguiente, volví a asistir, ésta vez invitada por el mismo sacerdote que nos dijo que al día siguiente habría otra más. Y así asistí a todas las posadas. Y después a los "Reyes Magos" que era como llamábamos a la entrega de juguetes que varias personas donaban para regalar a los niños de la iglesia .... y a los "de gorrita café" como yo.
Y seguí yendo cada domingo a la misa, a ése lugar en donde se me había regalado fruta en las posadas y un juguete en los "Reyes Magos" y gracias a éso pude disfrutar de la Palabra de Dios que tal vez no entendía bien, pero que los que me habían festejado, sí entendían.
Y después asistí a "Llevarle flores a la Virgen" en el mes de Mayo.

Y recuerdo la emoción de cada domingo al asistir a misa. Mis amiguitas pasaban por mí o yo les gritaba en su puerta si no iban a ir.
Fué una época muy bonita aquella, que quedó grabada en mi mente y en mi corazón. Tal vez desde ésa época nació éste blog que ahora lees: "Retazos y Puntadas". Retazos de mi vida y puntadas que muchos han dejado en mi corazón.

Como puedes ver, los retazos son muy pocos, pero las puntadas son tantas que no dejo de recordarlas. Cada retazo de mi vida ha estado lleno de bellas puntadas que gente de buen corazón ha ido plasmando en ella.

Aquella fruta que caía de una piñata a la que nunca le dí un palazo, porque éramos muchos niños y no alcanzaba para todos, pero que se nos repartía después en los Aguinaldos; aquellos juguetes que no por sencillos eran menos valiosos para mí fueron unas de ésas puntadas primorosas con que mi corazón está bordado.

Esta época navideña me gusta tanto. Me recuerda el olor de ponche con canela y fruta; las posadas, las velitas, los cantos. Una que otra descalabrada por algún chamaco entusiasta y de mal tino. Los tejocotes, las naranjas y por supuesto, las cañas que eran la fruta más apreciada y moneda corriente entre nosotros: "Te cambio dos limas por tu caña".

La colación que se nos repartía era toda una delicia. "¿De qué te tocó? " preguntábamos todos mientras nos metiamos un dulce, esperando descubrir lo que guardaba dentro: un cacahuate, un trocito de cáscara de naranja o más elegante, una almendra. A mí me gustaban las de cacahuate y almendra... y las de naranja se las guardaba a mi mamá a la que le gustaban.

Diciembre era la época más esperada porque el Niño Jesús llegaba y llegaba rodeado de una gran algarabía, de una gran fiesta en donde todos los niños como él eramos invitados a sus festejos.

"Alégrense, porque les ha nacido un Salvador" cantaron los ángeles a los pastores. Y nosotros nos alegrábamos ante la figura del Niño Jesús cuando en Navidad, el sacerdote colocaba muy delicadamente en el Pesebre, mientras nosotros cantábamos.

¿Cómo olvidar los "ora pronovis" que era lo único que me aprendí, mientras procuraba no se me apagara mi velita mientras recorríamos el atrio de la iglesia y permanecíamos cantando "Los peregrinos" ante la puerta cerrada, mientras adentro nos contestaban otras personas. Y la alegría que sentíamos cuando la puerta se abría y entrábamos todos alegres y cantando. Para proseguir con los rezos que a veces se me hacían largos, pero que el sacerdote nos decía, le gustaban mucho al Niño Jesús que todavía no nacía, pero que podía oirnos.

Y después las piñatas, el ponche, la colación.

Me alejé mucho tiempo de asistir los domingos a misa, pero nunca olvidé las posadas, las piñatas, las flores del Mes de Mayo a la Virgen y cuando crecí, llevé a mi casa ésas bellas costumbres que aprendí en la vieja iglesia de mi aún más viejo barrio en donde viví mi infancia.

Sí... yo fuí la "de la gorrita café" a la que los ángeles dijeron: "Alégrate, porque te ha nacido un Salvador", la que un día vió pasar a unas amiguitas presurosas y contentas y a las que me uní sin saber que iba a encontrar a alguien más contento que ellas.










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